Cuando me dijeron lo que facturaban, parecía que todo iba bien.
90.000€ al mes.
Agenda llena.
Equipo grande.
Sobre el papel, una clínica “que funciona”.
Pero había una frase que lo resumía todo:
“no sabemos dónde se va el dinero”.
Detectar el problema no fue difícil.
Pedimos algo muy básico:
ver cuánto ganaban realmente.
Silencio.
No lo tenían claro.
Sabían lo que entraba, pero no lo que se quedaba.
Así que empezamos a ordenar números.
Y ahí apareció el problema de verdad:
- Servicios vendidos sin margen
- Precios mal calculados desde hacía años
- Costes de personal desajustados
- Horas “regaladas” que nadie estaba midiendo
Estaban trabajando mucho… para casi nada.
El mayor error era que no habían calculado nunca la rentabilidad real de cada servicio.
Vendían igual:
- una consulta
- un tratamiento largo
- un servicio complejo
Sin saber cuál dejaba dinero y cuál lo quitaba.
No hicimos nada revolucionario. Pero sí incómodo.
Nos sentamos y bajamos todo a números de verdad:
- cuánto cuesta cada servicio (tiempo + personal + materiales)
- cuánto se está cobrando
- margen real por servicio
Y ahí vino el shock.
Había servicios que literalmente daban pérdidas.
Cada vez que los hacían… perdían dinero.
Aquí hubo que tomar decisiones que no gustan:
- subir precios en algunos servicios
- dejar de ofrecer otros tal como estaban planteados
- reorganizar tiempos para que fueran rentables
- ajustar carga del equipo según margen, no según costumbre
No fue fácil.
Pero seguir igual era peor.
Las primeras semanas generaron dudas.
“Miedo a perder clientes”,
“esto siempre se ha hecho así”,
“no sé si va a funcionar…”
Pero se hizo.
Y sobre todo, se empezó a medir todo.
En menos de tres meses, cambió todo.
Sin aumentar pacientes:
- la rentabilidad subió
- dejaron de hacer servicios que restaban
- el equipo trabajaba con más sentido
- y, por primera vez, sabían lo que ganaban de verdad
Seguían facturando parecido. Pero ahora sí había beneficio.
Facturar mucho no significa ganar dinero.
Y en muchas clínicas hay servicios que, aunque llenan agenda, están destruyendo la rentabilidad.
Hasta que no pones números encima de la mesa, no lo ves.
Y cuando lo ves… ya no puedes ignorarlo.
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